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OBRA PONTIFICIA DE SAN PEDRO APÓSTOL

La Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, nació por la original iniciativa de Juana y Estefanía Bigard. Juana, con su madre Estefanía, se convencieron de que una comunidad cristiana no puede convertirse plenamente en Iglesia local, implantada y pujante, sin sus propias vocaciones autóctonas, sin su propio clero nativo. Hacia él que dedicaron todos sus esfuerzos para que naciera una corriente de oración y solidaridad, en toda la Iglesia de Francia y del mundo entero. Se puso así en marcha esta obra misionera de la Iglesia universal.

En España esta Obra celebra su Jornada anual el primer domingo del mes de mayo bajo la denominación de Jornada de las Vocaciones Nativas que tiene como finalidad suscitar en las comunidades cristianas la necesidad de orar y colaborar con las vocaciones de las Iglesias pobres de los territorios de misión

Objetivos de la Obra de San Pedro Apóstol

Promover un espíritu de insistente y confiada petición al Señor, para que por medio de nuestras oraciones y sacrificios sean fomentadas y alentadas las nuevas vocaciones en los territorios de misión.

  • Obtener fondos para la fundación y el sostenimiento de los seminarios diocesanos mayores y menores en esos países;
  • Incrementar las ayudas para la formación de candidatos y candidatas a la vida religiosa.

¿Quién y cómo colaborar?

La campaña por las Vocaciones Nativas invita a seguir colaborando con mayor generosidad. Esta invitación se hace de una manera muy particular a:

  • SEMINARIOS Y SEMINARISTAS
  • CONGREGACIONES CONTEMPLATIVAS
  • SACERDOTES, especialmente a con ocasión de celebrar sus bodas de plata y oro
  • LAS HERMANDADES Y COFRADÍAS
  • ¡A TODO EL PUEBLO FIEL!

¡Actualmente se está ayudando a un seminarista de cada tres del mundo entero!, y por este motivo Monseñor Francisco Pérez, arzobispo Director Nacional de Obras Misionales Pontificias nos exhorta de esta manera:

“...muchas son las vocaciones que el Hijo de Dios hecho hombre suscita generación tras generación... sin embargo escasos son, alarmantes y significativamente escasos, los recursos que el común de los fieles ponemos en juego para ayudar...” (Revista Illuminare, Abril de 2004)

Desde la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol en España les invitamos a colaborar en la formación de las Vocaciones Nativas fundando Becas de Estudio y preparación de las vocaciones nativas, estas becas pueden ser:

  • Beca completa, por un importe de 2.000 euros. Permite financiar los seis años de estudios filosóficos y teológicos de un seminarista.
  • Media Beca, por un importe de 1.000 euros. Financia tres años de formación.
  • Bolsa de estudios, por un importe de 350 euros. Garantiza el pago de un curso completo.

Los gastos que conlleva la formación de un seminarista superan, sin duda, estas cantidades fijadas, pero se parte de un hecho significativo: la financiación de los seminarios corre y ha de seguir corriendo a cuenta de las propias comunidades cristianas locales responsables de sus pastores. Lo que están solicitando es una ayuda complementaria, para aliviar la carga de los que nada tienen.

Orígenes

La Obra de San Pedro Apóstol fue fundada por Estefanía Cottin-Bigard y su hija Juana Bigard en 1888. La iniciativa surgió como respuesta a la petición del Vicario Apostólico de Nagasaki que había solicitado ayuda para su clero indígena.

Juana de Bigard nació en Francia en 1859 y murió en 1934. Cuando tenía 18 años su padre, un prestigioso magistrado de la audiencia de Caen que había perdido la fe, se quitó la vida. Este hecho cambió la vida de Juana que hizo, a los 23 años, promesa formal ofrecer su vida a Jesucristo por la salvación de su padre y del mundo en general.

Movida por este ideal, Juana se pone en contacto, con monseñor Cousin, Obispo de Nagasaki. En una de sus cartas, el obispo, le cuenta que en Nagasaki viven 50. 000 cristianos, restos de la primitiva comunidad fundada por San Francisco Javier, y que, por temor a las persecuciones, no quieren acercarse a los misioneros extranjeros. «En el momento de la muerte –afirma en una de sus cartas- ansían recibir los sacramentos, pero sus familiares se oponen ante el temor de ser denunciados. Por el contrario, dejan fácilmente que el sacerdote indígena se acerque al moribundo, ya que puede presentarse como un japonés cualquiera… Esta es la razón por la que aprecio tanto la obra de nuestros seminarios y por lo que estoy tan reconocido a cuantos me ayudan a aumentar el número de alumnos».

La lectura de esta carta, recibida el año 1888, señalará la fecha de comienzo de la Obra de San Pedro Apóstol. Desde entonces, Juana Bigard y su madre se pusieron al servicio de esta empresa, mendigando de puerta en puerta, la pensión de un seminarista japonés.

En 1895, Juana y su madre solicitan a la Santa Sede la aprobación de la Obra de San Pedro Apóstol. Obtenido el reconocimiento eclesiástico por León XIII, madre e hija se preocupan ahora de obtener el reconocimiento legal. Francia, deniega reconocer civilmente esta Obra, y deciden trasladarse a Suiza, donde en 1902 es reconocida oficialmente con plena personalidad jurídica en el Cantón de Friburgo. Juana enferma y decide confiar la dirección de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol a las Franciscanas Misioneras de María que trabajaron con abnegación durante años en favor del clero nativo.

En 1919, Benedicto XV consciente de que la Iglesia sólo estará debidamente fundada en un país si existe un clero indígena en número suficiente y bien instruido, entrega la dirección de la Obra a la Sagrada Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

Pío XI, en 1922 la constituye definitivamente en Obra Pontificia.

La Obra de San Pedro Apóstol en España

Los comienzos en España fueron sumamente humildes. José Gurruchaga, sacerdote de Guipúzcoa, atento al movimiento misional y particularmente interesado en su espíritu sacerdotal por la Obra del Clero Indígena, se dedicó a implantarla en su parroquia de Irún, antes de que el Papa le diera carácter de oficial y a sus esfuerzos se deben los primeros donativos y becas que se recaudaron en España en favor del clero indígena.

Este sacerdote, entonces desconocido, sería el que más adelante había de implantar la Obra en toda España y ser su primer Secretario Nacional.

 
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