"Como Pablo, a los nuevos Campos de Misión"
Los historiadores fijan el nacimiento de San Pablo entre los años 7 y 10 d. C. Ahora se cumplen dos mil años. Por ese motivo, el Papa Benedicto XVI ha invitado a la Iglesia a celebrar el “Año Paulino”, desde el 28 de Junio de 2008 al 29 de Junio de 2009. Esa es la razón por la que este año seleccionamos varios lemas alusivos a san Pablo. Hecha una consulta a los Delegados de Misiones, elegimos el lema que obtuvo más aceptación; “Como Pablo, a los nuevos campos de misión”.
El libro de los Hechos nos narra lo ocurrido en el camino de Damasco, donde Pablo, de fariseo perseguidor, se convierte a Cristo que se le revela personalmente y le encarga la misión de anunciar el Evangelio. “Dios quiso revelar en mí a su Hijo, dice Pablo, para que lo anunciara a los gentiles” (Gál. 1,15). Y Pablo reconoce que la iniciativa la llevó Dios. Y añade: “Por la gracia de Dios, soy lo que soy” (I Cor. 5, 3).
El celo apostólico de Pablo es respuesta al amor del Señor. “El amor de Cristo nos apremia” (2 Cor. 5, 14). Pablo se presenta como Apóstol por vocación, elegido para anunciar el Evangelio de Dios. Confiesa que para él, anunciar el Evangelio no es motivo de gloria, sino una misión que se le ha confiado.
Para Pablo, el entorno, el espacio en que se comparte la fe cristiana es la comunidad. Él fundó y acompañó en la fe a numerosas comunidades cristianas. Y habla de la Iglesia como templo de Dios y como Cuerpo de Cristo. Un cuerpo compuesto por miembros distintos, que trabajan por la unidad del cuerpo y viven en armonía, cumpliendo cada uno su función para el bien común.
No es el bien particular, el egoísmo, el que debe regirnos, sino el bien común, el de todos. Y si en el cuerpo hay algunos miembros más débiles, más necesitados, son ellos justamente los que mayor atención necesitan de nuestra parte. Y esta es la esencia del Cristianismo: vivir en el amor, a Dios y a los demás.
El cartel de Epifanía nos presenta este ano un campo en el que aparecen tres grupos de personas: uno de América, otro de Asia y el tercero, de África. Las personas son los nuevos campos de Misión a los que la Iglesia nos envía. |